José Ignacio Aranda Miruri
Dentro de una línea de dominante figurativa, José Ignacio
Aranda Miruri ha demostrado a lo largo de su trayectoria
su preferencia por el paisaje. No ha estado ajeno a ese
miedo – permítaseme la expresión—que
muchos artistas sienten a alejarse del dibujo, de la realidad
de la que parten en definitiva, en un intento de demostrar
su capacidad técnica antes de adentrarse en otro
derroteros. Y si bien esto le ha ocurrido a quien hoy nos
ofrece su trabajo, desde el principio se le escaparon anhelos
de libertad.
Allá por el noventa comentaba en Heraldo de Aragón
la importancia que tenía el color en los cuadros
de Aranda Miruri. Nos mostraba una paleta transgresora,
fuerte e impactante, sobre la que se desenvolvían
las composiciones. Junto a ella, una factura rápida
y suelta, de raigambre impresionista, que proporcionaba
frescura. Idénticos parámetros se observan
en el noventa y cuatro, aunque parecía sumergirse
más en las vistas y filtrarlas de acuerdo con sus
propias emociones.
Hoy, con la pausa y reflexión que le caracterizan,
Aranda Miruri avanza un nuevo paso. Cuando sentado en su
estudio iba yo observando sus últimas telas, me
saltó de inmediato la idea de que él se había
sentido excepcionalmente cómodo al llenarlas. Así lo
demuestra la riqueza y arrastres de pincel, sueltos hasta
el punto de rozar algunos trazos lo expresivo. Además,
ya no hay referente, pinta de memoria, con todos los filtros
que eso supone y, al mismo tiempo, con el relax de saberse
dueño de y parte en los contenidos e intenciones.
Puede que las imágenes nos resulten familiares.
Tampoco importa. El espacio adquiere un papel preponderante
junto al color. Los horizontes altos permiten amplios planos
determinados por las diagonales. Se nota la cocina; pero ¿a
quien le importe ya? A través de estos campos andaremos
un camino que inequívocamente conduce hacia adentro,
hacia el pintor. Se nota su presencia, se respira su alma,
se siente su emoción. Porque para Aranda Miruri
la pintura es eso, espiritualidad. Y hoy se ha decidido
a mostrarla si lastres ni tapujos. Desea liberarse y, con
ello, nos libera.
Héctor López González
De la asociación Aragonesa de Críticos de
Arte.
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